La vida pasa


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Y así como el título de este espacio, las cosas pasan y todo cambia de ayer para hoy. La vida pasa, y pasa tan rápido que uno no cae en cuenta de que hace años no hace las cosas que le gustan, o que ya es (mucho más) viejo, o que la vida adulta te engulle en su rutina.

La vida pasa y de lo que más me pesa es ver a mis padres envejecer, y saber que cada día que pasa a veces no es tanto un día más sino un día menos.

La vida pasa y uno crece, las cosas cambian, la gente va y viene. Un día te botan del trabajo, al otro día eres emprendedor. Un día te casas, otro día tienes hijos (not my case). Y así.

Y con cada día que pasa me doy cuenta de que, para bien o para mal, ya no soy la misma. Miro hacia atrás y me siento tan estúpida como inteligente al ver todos mis errores pero también mis victorias. Miro hacia atrás y añoro esa versión de mí misma que no sabía (casi) nada de la vida, pero que indiscutiblemente era más feliz. Me gustaría poder decirle a mi yo del pasado: Tranquila, todo pasa.

El tiempo avanza y uno deja de ser esa niña "inteligente y madura para su edad" para volverse esa mujer que a ojos de los demás "siempre tiene una opinión para todo". Ya no festejan cuando uno se mete en una conversación de "adultos" y hace comentarios agudos, sino que lo miran feo y susurran "¿Esa es la esposa de __?". Ya uno no escucha el "Mira lo joven que eres y el gran futuro que tienes por delante" sino "¿Esa es ella? ¡Si con esa cara parece una niña!".

Las cosas indiscutiblemente cambian, y mientras antes yo me preocupaba por cómo me veían mis profesores, y quería demostrar mi inteligencia; ahora me toca permanecer callada más veces de las que quiero, porque los "mayores" se indignan cuando una mujer segura de sí misma abre su boca. Y no contentos con eso, también se indignan si uno decide simplemente guardar silencio.


La vida pasa, y a veces, también, pesa. 

Pesa pensar en los "hubiera". ¿Y si hubiera sido más valiente? ¿Y si me hubiera ido? ¿Y si hubiera...?

Pesa ver cómo, poco a poco y día tras día, se extingue de a poquitos la vida de las personas que lo han dado todo por uno.

Pesa ver pasar los días y uno sentirse preso de un sistema implacable, diseñado para que uno esté todo el tiempo en una rueda de hámster: corriendo a más no poder pero sin llegar a ningún lado.

Pesa ver que, tristemente, uno también se apaga. Ya los ojos no brillan como antes. Ya la piel está más opaca. Ya la felicidad es más esquiva. Ya la sonrisa no es tan grande. Ya la responsabilidad es más grande. Ya la rutina te limita. Ya la cosa depende de uno, y no se puede uno dormir en los laureles.


Pero también, la vida pasa y con ella se van quedando en el olvido las cosas que alguna vez fueron motivo de dolor o angustia.  Hoy, justamente, y por mera casualidad, releí varios de mis antiguos escritos. Recordé la indignación, el dolor, la rabia, el sentimiento de "Cómo pude haber sido tan estúpida". Y, afortunadamente, ya no me duele leerlo.

Hoy soy quien soy gracias a esas estupideces. Hoy sé lo que quiero -y lo que no quiero- gracias a mis errores, a haberme cruzado en el camino a personas que no se merecen ni que las recuerde, a haberme tropezado con varias cosas, y a haber tomado malas decisiones.

Hoy soy más fuerte, más sólida, y (me gusta pensar) también soy más inteligente gracias a eso.

Hoy valoro cosas que ayer no valoraba: mi paz mental, mi tranquilidad, mi silencio.

Hoy aprovecho cosas que antes despreciaba: mi tiempo, mi soledad, mi trabajo.

Hoy disfruto de cosas que antes deseaba y no tenía: mi libertad, mi familia, mi futuro que depende únicamente de Dios y de mí.


La vida pasa, para bien y para mal.

Y con ella, lo queramos o no, también pasamos nosotros.

Un día a la vez.

Carta a mí misma


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Tengo estas líneas hace mil años en mi cabeza, con poco coraje para escribirlas y dejarlas plasmadas en alguna parte. Sin embargo, dentro de poco -se supone- que estaré muy, muy ocupada y que no tendré mucho tiempo para muchas cosas, así que aprovecharé el hoy y lo dejaré escrito así, como salga. Esto no es para nadie más que para mi.

Mí misma de no se en cuánto tiempo, cuando leas esto, acuérdate de lo que pensabas y sentías sobre ti misma y sobre los demás. El 2018 fue un año que te enseñó que un trabajo es eso, simplemente un trabajo, y que nunca podrá ni deberá estar por encima de la familia. Te enseñó también que lo más importante es la familia, aunque a veces seas una hijueputa con ellos y no los valores como deberías. Te dejó la lección de aprender a valorar el tiempo, porque lo único que tenemos seguro es la muerte, y ya te ha rodeado demasiado cerca, demasiado tiempo. Te enseñó que los que pensabas que eran tus amigos realmente no eran tan amigos, y que las personas que menos pensabas realmente iban a estar ahí para ti. Te dejó también como lección que la vida se vive mejor despacito, sin afanes, viendo atardeceres y amaneceres (así sea por la ventana), caminando mientras disfrutas la brisa, el canto de los pajaritos y de Luna. El 2018 fue un año de grandes y radicales cambios, y aunque no pasó nada de lo que tenías planeado, pasaron otras cosas que no tenías planeadas y que fueron o han sido para mejor.

En el 2018 caíste en cuenta de los números de la vida. Ya sabes que tus padres no están tan jóvenes, que tú misma ya no eres una pelaíta, que tus hermanos también están grandes, y que hasta Luna está entrando en años. Y eso te hizo abrir los ojos a lo que debería ser tu vida de adulta, esa que no es que hayas evitado, pero que has visto hasta ahora con otro enfoque. Fue en este año que dijiste que era hora de ir pensando eso de tener hijos, aunque si eres 100% sincera contigo misma no es algo que todavía quieras. Sin embargo, la matemática no miente, y ya va siendo hora.

Recuerda, y ojalá esto cambie, que en este momento de tu vida la principal motivación de que en algún momento de este año - o del que viene- busques un hijo, es por tus papás y tu esposo. Recuerda que no tiene nada de malo querer ser mamá no por ti misma o por tu propia felicidad, sino por la felicidad de los demás, por verle la cara de amor derretido a tu esposo cuando sea papá, a tus papás cuando sean abuelos, o a tus hermanos cuando sean tíos. Sonará mal y para algunas personas no estará bien, pero acuérdate cuando pensabas -y sentías- que lo hacías más por darle felicidad a otros que por darte felicidad a ti misma, no porque no creas que no serás feliz, sino porque ya eres feliz como estás, donde estás, con quien estás, y porque eres tremendamente consciente de lo mucho que cambiará tu vida, de lo cómoda que eres y siempre has sido, y de lo difícil que será, según lo que todo el mundo te dice. Que ya no serás tú sino tú por y para alguien más, que ya no dormirás, que ya no comerás tranquila, ni durarás media hora en el baño, ni te levantarás a las 10 de la mañana, ni pondrás la lavadora solamente 2 veces al mes. Pero pues, que va siendo hora.

Y sobre ese tema, varias cosas. Cuando ese momento te llegue, si es que te llega, no seas la mamá que tanto criticas. No seas la mamá que todo lo esteriliza, que sobreprotege, que no hace nada por sí misma si no tiene ayuda al lado. No seas la mamá que piensa que su hijo es más o mejor que todos los demás niños, y que por ende toda la humanidad debe sentir y pensar lo mismo. No seas la mamá que solamente habla de sus hijos, y menos cuando estés con mujeres que no son, no quieren o no pueden ser mamás. No seas la mamá que depende de su mamá para todo. No seas la mamá que carga con cien mil chécheres que no usa, pero que encarta a todo el mundo. No seas la mamá que va detrás del pelaíto para evitarle/quitarle/limpiarle todo. No seas la mamá perfecta. No seas la mamá fresca. No seas la mamá cansona, cantaletera, regañona; pero tampoco seas la mamá que todo lo deja ser y todo lo deja pasar. No seas la mamá que no controla a sus niños en medio de una pataleta, o que los deja molestar a los demás, pretendiendo que los otros se aguanten la gritería y la grosería porque tú no lo quieres enfrentar. No seas la mamá indisciplinada, que no enseña a sus hijos a ser obedientes, inteligentes, ordenados. Acuérdate que los pelaos crecen, y más bien disfruta con ellos, juega con ellos, jode con ellos, ensúciate con ellos, que en menos de lo que piensas ya son grandes y te salen con groserías.

Ojalá se te pase el miedo visceral que tienes -y con algo de razón- a que en algún momento puedas no quererlos, o que desde el primer día te arrepientas o que pienses que para qué fue eso. O que un día simplemente amanezcas fastidiada, como te suele pasar, y mandes todo para el carajo... con la pequeña diferencia de que aunque quieras, no lo podrás hacer. O que nunca sientas eso que muestran las propagandas de pañales y shampoos, eso que te dice todo el mundo de que "vale la pena", y que simplemente sean unos niños más para ti, como todos los otros niños del mundo. Ojalá un día te despiertes, como dicen muchos, con el instinto maternal a flote y que digas desde el fondo de tu corazón que quieres ser mamá, para que todos estén tranquilos y felices, porque es lo que se supone que debe pasar.

Acuérdate que pensabas también, y cambiando de tema, que no vale la pena sacrificar la familia por el trabajo o por plata. Si en algún momento de la vida llegas a tener mucho dinero, no te olvides que la mejor manera de vivir es siendo sencillo, sin gastar en lujos innecesarios y poniendo siempre - siempre- primero a la familia. No se te olvide que cuando te mueras no te llevarás nada.

Intenta ser mejor persona, sonreír más, calmarte más, pensar más antes de explotar como lo haces. Sigue quedándote callada, que has aumentado mucho tu tiempo de reacción ante cualquier cosa, y eso es positivo. Lee más, estudia más, vuelve a leer y a estudiar también la Palabra de Dios. Disfruta de tus padres, que no serán eternos, de tus tíos, de tus primos, de tus hermanos, de tu familia. Eso, por encima de cualquier cosa, es lo que realmente importa.

No dejes que la muerte te vuelva insensible, no dejes que la plata entumezca tu corazón. Acuérdate que de vanidad vive el hombre, pero tú debes hacer tesoros en el cielo y no en la tierra. Piensa siempre que las demás personas también tienen problemas, que aunque tú pienses que la mayoría simplemente son idiotas, cada uno está haciendo su mejor esfuerzo. Sé cercana a las personas con las que trabajas y que trabajan para ti, no dejes que el afán de todos los días haga que te olvides de ellos. Ten paciencia, sal con tus papás, pelea menos con tu hermana, llama más a tu hermano, baila con tu esposo, y si quieres haz ejercicio. No te metas en peleas sobre el azúcar o la grasa, o la política o la religión, cuenta los centavos para que cuides los pesos. Abraza más, jode menos, cómete un flan, cómprale roscones de bocadillo a tu esposo y a tu papá, visita a la abuelita de tu esposo y a tus suegros, haz el esfuerzo de entender a tus cuñadas e intenta llevártelas bien con ellas. No vayas a tantas misas de muertos, pero acompaña a tus papás si quieren ir a recordar a los que ya no están. No grites tanto, no juzgues tanto, no pites tanto. Calma, que la vida corre que vuela y un día ya no estarás.

Visita a la familia, juega con Luna, anímate a ir en un invierno a visitar a tu hermano, ve más a la Bendición mientras la tengan, suelta el celular más seguido y deja que se apague más a menudo. Vuelve a escribir, saca tiempo de donde no hay -porque sí hay- para las cosas importantes, tómate una tarde y haz la siesta, o sal a pasear con tu goddi pedduddi. Trabaja con ganas o no trabajes, y si un día te aburres o no le ves mucho sentido a trabajar para otro, sal de ahí y trabaja por lo tuyo aunque no sea tan rentable. Eso sí, no seas irresponsable.

No sé que será lo que traerá este 2019, pero con las lecciones de 33 años de vida creo que vamos equipadas lo suficiente para afrontar la vida. Y dilo sin miedo, que Dios te escucha: pídele larga vida para ti y los tuyos, con salud, amor y todo lo suficiente.

Vive, y recuerda cuando eras más joven, que querías comerte el mundo con las manos, levanta tu cabeza y mira al cielo, dale gracias a Dios porque eres infinitamente bendecida y sigue. Camina. Avanza. Muévete, que para ti solamente está disponible lo mejor.

Disfruta, que la vida es una sola y es corta. Y un día, cuando tengas ganas y tiempo, responde esta carta a ver qué ha sido de ti, qué ha pasado y qué novedades hay. Espero, desde el fondo de mi corazón, que todo sean noticias positivas y felices, y que sigan en mi imaginación pero nunca en la vida real todos mis miedos y preocupaciones.

Con amor,

Yo.

El problema soy yo


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Hace rato tengo este post entre mis dedos, hilando e hilando, sin saber realmente qué escribir o cuál es el mensaje, pero segura de que eventualmente terminará publicado.

Recientemente he tenido mucho tiempo para pensar, y es tal vez por eso que vuelvo a escribir. Demasiado tiempo, pensaría yo, pero de vez en cuando viene bien dormir (y pensar).

Poco a poco voy llegando a conclusiones, la verdad es que no sé ni cómo llego a ellas, pero llegan así como pequeñas epifanías en mi día a día, and they hit me just like that. La más reciente de ellas, o por lo menos a la que le he venido dando vueltas más recientemente y la mayoría del tiempo, es que el problema -si es que hay un problema- no es la gente, ni son las cosas, ni es la vida; soy yo.

Y soy yo porque en algún momento lo dije, la única constante entre todos los cambios, ires y venires, ha sido mi peculiar y un tanto agreste manera de ver la vida y tratar a las personas. No quiere decir que esté mal, tampoco que esté bien, sólo que me voy dando cuenta de cosas que son realmente evidentes.

El problema soy yo. There, I said it. Y a veces quiero arreglarme, y a veces digo que para qué, si me tomó tanto tiempo llegar a ser "problema". Y no sé si estoy usando la palabra adecuada pero qué más da.

Este post es nada más para que lo tengan presente para otros (no muy polites ni bonitos) que tengo pensado sacar de mi cabeza. El problema soy yo. El problema es la forma en la que veo las cosas, en las que quiero que todo pase, en las que quisiera que el mundo se pareciera -o no- a mí.

El problema soy yo y mi mente twisted (tómenlo como quieran), mi corazón compartimentado (if that's even a word), y mi manera práctica pero un toque hearless de ver/hacer las cosas. El problema es mío, siempre ha sido mío, desde muy muy pequeña.

Esto trasciende mucho más de lo que voy a decir, algo que a veces me hace pensar si debería ir a hablar con alguien que haya estudiado lo que yo estudié, a ver si de verdad la vaina loca es solamente mía o es más normal de lo que quiero ver o de lo que me han hecho sentir.

Pero bueh. Los otros posts que vienen, a manera de preámbulo, son mi manera de ver y sentir las cosas. En ningún momento van a ser críticas a personas con nombre y apellido, o dirigidos en contra de alguien en particular, ni tienen intención alguna de generar "conciencia", "cambios", o whatever, sino que existirán por el sólo hecho de sacármelos de la cabeza, y de que, tal vez, un día, cuando esté del otro lado de la moneda, pueda venir a re-leer y darme cuenta si el problema sigo siendo yo.

Mientras tanto, sigo callada, pensando y pensando (demasiado tiempo, demasiado) en que el problema soy yo.

Y ya verán por qué.

3 años después...


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Y es en este espacio olvidado cuando me doy cuenta que ha pasado el tiempo más rápido de lo que lo puedo percibir.

En estos 3 años ha pasado de todo: me casé, he conocido un montón de sitios nuevos y viajado un montón, he perdido un montón de familiares por el cáncer, se casó mi hermanito y se fue a vivir a otro país, me echaron (ajá) de donde estaba trabajando hacía casi 6 años, compré apartamento, adopté (y me tocó devolver) una perrita, y bueno, mil cosas más.

3 años después (o casi), siguen vigentes este post y este otro. Y por alguna extraña razón, en vez de "mejorar" con el tiempo, voy como echando para atrás. Cada vez es más seguido que prefiero quedarme callada, perder el tiempo en el celular haciendo pendejadas, o simplemente mirar lejos y sonreír chiquito que entablar una conversación con alguien. No importa quién, no importa de qué, aparentemente todo lo que tengo por decir de-lo-que-sea siempre resulta siendo ofensivo, impositivo, grosero o malintencionado.

Así que casi 3 años después y muchos cambios buenos y malos después, me acordé de que tengo esto aquí, medio abandonado (o abandonado y medio, mejor), y que como cada vez hablo menos y pienso más y un día de estos voy a amanecer medio loca de tanta pensadera y pendejada interna, voy a volver a escribir.  Muchas veces he empezado, escrito un montón y hecho click en el botón de Discard pensando en mil maricadas varias, como por ejemplo qué pasa si me leen. Muchas veces, demasiadas veces, suficientes veces, qué más da.

No sé de qué, no sé cuándo, no sé si sea en 3 años más, pero seguiré escribiendo. Haré catarsis, cada cual leerá mis letras poniéndole un acento y un tono a su gusto y sabrá si se ofende o no, y yo lo sacaré de mi sistema. Es que aunque mi vida esté bien y vaya bien, el silencio no siempre es tan bueno.

Tengo muchos sueños (literalmente sueños) que pueden ser buenos plots para series o pelis, y también tengo muchos rollos que pueden servir de inspiración para algún psicólogo clínico. No dejaré olvidada la lección de hace muchos años, la basura siempre es mejor sacarla.

No sé si alguien me lee o me leerá, y sinceramente, no me importa. Es más, ojalá que nadie lo haga. Ojalá sea algo que encuentren dentro de muchos años, después que muera, y sea algo como "Oh, mira, ella tenía este espacio intermitente en el que se dejaba ver a veces"; y no algo como "Ah, mira lo que dice esta vieja aquí, deja que la vea..."

Seguiré escribiendo. Pero mientras tanto, vivan sus vidas, que no sé cuándo volveré.

We are different


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Soy de esas personas que siempre ha sido etiquetada con adjetivos no muy positivos o por lo menos poco apreciados.  Me refiero a que desde pequeña me han dicho que soy: farta (entiéndase por gomela, creída, fresa, pija), engreída, grosera, antipática, repelente y demás sinónimos.

A medida que he ido creciendo, me he encontrado por la vida con personas muy parecidas a mi en ese sentido, personas que normalmente son calificadas en público y en privado como groseras, altaneras, antipáticas y repelentes.  Freud diría que uno busca en el mundo lo que uno es, pero a mi me gusta pensar que es casualidad.

Hoy me tocó ver llorar a una compañera de trabajo que es como yo pero 5 años más joven.  Mi yo de hace 5 años no estaba en un medio ambiente laboral, pero creo que esa hubiera sido yo perfectamente.  Las personas con las que trabaja, que se supone que la conocen, le dijeron en público que era una grosera, y ella, obvio, se resintió tanto que les dijo que si pensaban así entonces ella iba a empezar a darles la razón y a ser grosera.

Y ese es el punto.  Ella es como yo. Y yo no soy grosera, ni antipática, ni creída, ni repelente, ni altanera. O al menos no me considero así.

Luego de darle vueltas por muchos años, creo que hago (hacemos) parte de un (no sé qué tan grande) grupo de personas que somos emocionalmente más fuertes, más toscas, más rudas o más prácticas de lo normal.  En español me toca usar varias palabras para expresarlo, en inglés puedo sencillamente usar la palabra tough porque no es que seamos particularmente strong, sino tough.

Tal vez seamos así porque solemos apegarnos demasiado a las personas. Y las personas entran y salen, vienen y se van, cambian con la brisa, siguen su camino, y uno se queda tal vez como un tonto apegado a algo que ya no es más.

Tal vez seamos así porque somos demasiado sensibles, y el mundo castiga a los que sienten y piensan por los demás al no prestarles atención y al tratarlos mal; entonces para qué mostrarlo si podemos hacernos ver como tough people.

Tal vez seamos así porque sencillamente aprendimos a quitarle las arandelas y los adornos a la vida, esas pequeñas maricaditas que para (aparentemente) el 99% de la humanidad son demasiado significativas, pero que para nosotros ni quitan ni ponen, entonces para qué.

Tal vez seamos así porque aprendimos a ver más allá de lo evidente (como Leon-O de los Thunder Cats) y nos damos cuenta de cuáles son las reales intenciones y pensamientos de las personas, y no somos capaces de disimular tan bien como los otros (bien sea siendo hipócritas o siendo diplomáticos, que viene siendo lo mismo al fin y al cabo).

Tal vez seamos así porque somos de los que preferimos que nos digan las cosas en la cara, como son, sin anestesia.  Porque nos dimos cuenta que decir las cosas maquilladas no hace sino empeorar las cosas.

Tal vez seamos así porque no nos gusta que nos mientan, que nos disimulen, que le digan vino al pan y pan al vino, que nos vean la cara de bobos.  Porque de todas formas ya lo sabíamos, esperamos que por lo menos sean lo suficientemente valientes para decirlo.

Tal vez seamos así porque pensamos que la vida puede ser más fácil, más descomplicada, más ligera... si tan sólo fuéramos todos un poco más honestos tanto con nosotros mismos como con los demás.

Pero bueno, que al cabo eso nadie lo ve, o por lo menos a nadie le importa.

Ella es como yo.  Es una persona maravillosa, que piensa en los demás, que hace más de lo que debe, que trabaja incansablemente, que tiene sueños más grandes que pasar la vida frente a un escritorio y gustos más finos que unos zapatos de tacón.  Es una persona que le gusta rodearse de gente inteligente e interesante, y no sólo de mujeres que hablan de moda y de hombres que hablan de carros.  Es una mujer independiente, libre, viajera, que gusta de la fotografía, de la lectura, de la paz, de las risas, los helados y los amigos. Es una mujer con la que puedes sostener una conversación sobre política, sobre religión, sobre culturas, sobre autores, y no sólo sobre el actor del momento, o de la marca de leche del bebé, o del esmalte de moda.

Ella es como yo.  Y como yo, es duramente juzgada.  Lo que nos diferencia a personas así del resto de personas normales es que aprendimos a que nuestra valía la definimos nosotras mismas, y no lo que digan los demás.  Es decir, que si nos dicen que somos groseras, engreídas, antipáticas o demás, sólo nos duele si viene de personas a las que conocemos y a las que apreciamos.  El resto de la gente puede decir misa y nos resbala, pero no porque no nos importe, sino porque no nos afecta.  Porque para que nos humillen hace falta que nosotras mismas pensemos que eso que nos dicen es cierto... y no sólo que nos lo digan.

El error que cometemos normalmente, constantemente, diariamente, es pensar que el resto de la gente es igual que nosotras.  Es pensar que el resto de las personas también se definen a sí mismas por lo que ellas piensen de sí y no sobre los comentarios de afuera.  Es pensar que los demás también esperan que no les mientan en la cara ni que les digan las cosas con maripositas y moños de colores.  Es pensar que los demás, como nosotras, valoran el hecho de que nos digan las cosas de frente y que le digamos pan al pan y vino al vino.

Pero no. La gente normal no es así.

Ella, con 5 años menos, tiene todavía que recorrer el camino que yo ya caminé.  Y yo, con 15 años menos que otra compañera que es como yo, aún tengo que recorrer lo que ella ya ha caminado.

Y no, no somos groseras. Ni antipáticas. Ni creídas.  Y créannos.... no nos quieren ver siendo así. Si siendo "buena gente" ya no nos quieren, cuánto menos nos querrán si realmente somos malas personas. Y podemos serlo. Y mucho.

Lo que pasa es que somos anormales. No somos como el resto.

We are different.
And as different, we are judged.

Hay que crecer


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A veces me dan ganas de hacer maletas e irme yo sola por un tiempo indefinido a una isla.

Pero como ya soy grande y no puedo hacer pataletas (y claro, lo de la isla sale demasiado caro y eventualmente tengo que volver al trabajo), entonces a veces me dan ganas de ponerme la pijama, meterme en la cama y dormir.  Eso es a mi juicio lo más parecido a estar sola en una isla.

Cuando somos pequeños lo único que deseamos, día y noche, todos los días, es crecer y ser grandes.  Y nos encantan esas preguntas de "¿Qué quieres ser cuando seas grande? ¿Cuando seas como tu papá/mamá, qué quieres ser?".  Con cada una de esas preguntas hay un mundo infinito de posibilidades, con inagotables recursos y siempre, en todos los casos, feliz.

Pero uno crece. Y uno crece más rápido de lo que debería, con menos conocimientos del que debería, con menos habilidades de las que debería, con más soberbia de la que debería, con más prisa de la que debería... uno crece.  Y llega el día en que, al finalizar del colegio, y aunque la pregunta es la misma, es diferente: ¿Qué vas a estudiar? reemplaza al ¿Qué vas a ser cuando seas grande? y siempre viene acompañada de un "meehh.. eso no da plata" o un "esa es la profesión del futuro" o un "ay, como todos tus tíos, un (inserte aquí profesión) más en la familia".

Y luego, un día, uno llega a su casa cansado de la oficina, y por alguna razón mira hacia atrás en su vida, y en ese terrorífico momento uno se pregunta ¿En qué momento me convertí en lo que soy?...

No quiere esto decir que uno haya hecho mal, haya perdido el rumbo o haya terminado en algo que no debía, sino que hay días que el peso de ser grande cae con todo sobre los hombros.

Y aún siendo grande, a uno le dicen que hay que cambiar en esto, mejorar en aquello, ser menos así o más asao, y todas las percepciones se contradicen. Unos te dicen que eres un antipático, otros que eres un amor. Unos te dicen que eres amargado, otros que eres el alma de la fiesta. Y así, cuando por fin uno encuentra su propio criterio, llega alguien y te dice que eres un sobrado porque no escuchas a nadie más ni tienes en cuenta su punto de vista. Entonces los tienes en cuenta, y te dicen que eres un sumiso y que te va a dar cáncer por aceptar todo sin poder decir que no.

¿Y entonces, para qué crece uno?

A mi por lo menos me dicen que soy una gran persona, o como me dijeron hoy "con mucho Fondo". Pero también me dicen que soy una grosera y medio hijueputa, o como me dijeron hoy "con poca Forma".

Y no es que sea ni una Madre Teresa ni un Hitler, sino que hay gente de gente.... y para poder tolerarlos a todos, hay que crecer.  Entonces me dan ganas de irme para una isla, sola, en donde no tenga que escuchar que soy una Madre Teresa que me paso de noble, ni una Hitler que me paso de mala clase.

Lo que pasa es que ya no creo que yo me vuelva grande.  Ahora voy es para vieja.

Y ajá. Los dejo mejor con la frase que leí hace poco:

La soledad es peligrosa. Es adictiva. Una vez que te das cuenta de cuánta paz hay en ella, no querrás lidiar con las personas.

A mi que me alquilen una isla por unos días, entonces.

Pero como eso sale muy caro, hay que crecer.

About babies


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Ya tengo esa edad en la que, lo quiera o no, estoy rodeada de bebés.

Mi Facebook está lleno de videos de bebés hijos de amigos, de no tan amigos, de familiares, de no tan familiares, y de gente que ni por ahí.

Mi Instagram es fotos de bebés en canastas, con las caritas sucias, disfrazados, grandes, medianos, pequeños, barrigas, juguetes....

Y así, bebés por aquí, bebés por allá, bebés everywhere.

No sé si a ustedes les pasará lo mismo, pero la relación que uno tiene con el bebé está directamente influenciada (por no decir que es la misma) que uno tiene con sus papás.

Por ejemplo:

Uno de mis mejores amigos (o uno de los que yo creía que era de mis mejores amigos) hace poco (hará ya pronto 1 año... ¿o más?) tuvo bebé.  Una bebé hermosa, preciosa, divina, a la que todo el mundo conoce, menos yo. Y vive en mi ciudad.
Y no porque no haya querido, sino porque nunca me ha invitado a conocerla.
Y no porque nunca haya preguntado, sino porque nunca me ha recibido.
Al punto de que le dejé su regalo de bienvenida en la puerta de su casa.... y ya.
¿Qué hago, si el/los papá(s) no me permiten acercarme?

Otro ejemplo:

Una de mis amigas no vive en Colombia, y hace poco (hará ya pronto 2 años) también tuvo bebé.  A ese bebé ya hasta apodo personal le tengo, le he comprado mil cosas, le mando besos cada que puedo, le tomé fotos a la barriga, e incluso hice el esfuerzo y viajé hasta donde vive para estar para su nacimiento pero el muy terquito no quiso salir y se retrasó.

Otra amiga que tampoco vive en Colombia hace poco tuvo bebé (hará pronto 1 año), y viene a celebrar el primer cumple aquí con nosotros.  Me muero de ganas por conocerlo, por verla a ella y abrazarla en persona, y felicitarla por ese bebé tan pero tan hermoso que hizo.

Y para que no digan que pasa sólo entre amigos:

Una de mis primas, con la que no me hablo casi, hace poco tuvo bebé (hará ya 6 meses).  Hermosa, divina, fui a conocerla hace poco y es de las bebés más dulces que conozco.  Ya la quiero y la tengo entre mis pensamientos, y fue su mamá la que me invitó a conocerla.  A partir de allí la he vuelto a ver un poco más, siempre con una sonrisa en su dulce carita, y me dan ganas de consentirla y de regalarle mil cosas.

Otra de mis primas, que no vive en mi ciudad, también tuvo bebé (hará ya año y medio). Amo a ese pequeño, vivo pendiente de él, quiero que me lo traigan siempre y sin duda alguna se me iluminan los ojos y el corazón cada que lo veo corriendo como loco, jugando o riéndose.  Cada que veo algo de bebés pienso en él y en la medida de lo posible me esfuerzo por verlo.

Pero:

La hermana de mi novio está embarazada. A pesar que voy casi todos los días a su casa, casi nunca la veo, y cuando la veo y le pregunto por la barriga, me responde con un simple "bien".  Siempre se "esconde" en su cuarto, se le escucha la voz que habla con todo el mundo pero apenas me asomo se queda callada y frunce el ceño. El día que me dio la noticia, me dio la impresión que me dijeron porque yo me había dado cuenta ya de todas maneras.  Cuando la felicité y ofrecí mis mejores deseos, me sentí regañada por ella y por su mamá, por lo que preferí no hacer ningún tipo de comentario de ahí en adelante.  Mi novio, obviamente está emocionadísimo con su primera sobrina, y pues para mi... es la bebé de su hermana. A veces me da hasta "miedo" pensar cómo va a ser todo cuando ya nazca.

Entonces, no es que a mi no me gusten los bebés, como a veces me han dicho. Es que, por lo menos en mi caso, mi relación con los bebés está directamente ligada a la relación con sus papás.  Y pues obvio, si me la llevo súper bien con los papás me siento en más libertad con el bebé, y viceversa.

¿Soy yo la única loca, o también les pasa a ustedes?

Mi hermana


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No tengo hijos todavía, pero tengo dos hermanos menores que son lo suficientemente menores como para saber (más o menos, no se ofendan mamás) lo que puede ser tener un hijo.

Mi hermana, la menor de los 3, tiene 17 años y hoy hizo su presentación en el colegio como Senior; es decir que el año entrante estamos todos bailándonos su grado.

Todos dicen que mi hermana se parece a mí, que es igualita.  Que físicamente es idéntica, que es igual de malgeniada, de grosera, de terca y de empecinada.  Pero yo nunca lo he sentido así, siempre la he sentido diferente.

Ella es artista, pinta, toca, canta, sabe (más o menos) 3 idiomas, es inteligente, exigente, fashion. Yo lo más que hago es colorear sin salirme de las líneas, toco el timbre de la casa y el pito del carro, hablo nada más dos idiomas, y no soy nada fashion.

Ella desde pequeña me vio como un referente, asumo por ser menor que mi mamá y además por ser su hermana mayor.  Yo soy la mayor, así que ese sentimiento no lo entiendo mucho porque si acaso mis referentes siempre han sido mis papás.  Durante su crecimiento, y sin saber bien por qué, nunca quise que me tuviera como un referente porque no quiero que ella cometa los mismos errores que yo, y creo que la empujé a no querer parecerse a mí y la llevé a ser en algunas cosas opuesta completamente.

Hoy, en su presentación, me vi a mi misma.  Me vi a mi misma en el 2001, hace 14 años, cuando yo estaba haciendo mi baile de prom en el colegio.  Sin embargo, ella es una versión mejorada: se arregla, baila, tiene muchas amigas, sale, disfruta su colegio, estudia, siempre saca las mejores notas, es juiciosa, responsable y obediente.

Me alegra ver lo que vi hoy, porque así las cosas, creo que mi hermana nunca será como yo temía: como yo.  Y seguro le va mejor en la vida, y Dios permita que llegue tan lejos como su corazón la lleve, y que se mantenga regia, rodeada de amigos y que encuentre el hombre de su vida sin tener que besar tanto sapo.

Me alegra ver en lo que se ha convertido mi hermana, pues me supera con creces. Creo que ella es la que va a sacar la cara por la familia; y ella no lo sabe, pero aunque a veces quiera tirarla por el balcón cuando peleamos, me siento muy orgullosa de ella y de lo que puede llegar a ser.

Y si hoy lloré mientras ella se gozaba su baile, no quiero imaginarme cómo seré con mis hijos.
Qué miedo.

Sí, me creo mejor que los demás


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No me creo mejor que nadie.
Para ser mejor que alguien debería tener más títulos, o un mejor salario, o hacer obras de caridad, o ser filósofa, o haberle regalado al mundo algo importante, o ser alguien como el Papa, o algo así.

Soy una persona normal, ordinaria, común y corriente, como todos, como tú.
No soy mejor que nadie.

Amo los animales, pero nunca he hecho nada por ellos, más que amar a la perrita que vive conmigo y donar un poco de dinero a algún cachorro necesitado.
Amo a Dios, pero nunca he compartido realmente Su Palabra, me he limitado a tenerlo en mi vida y a bendecir a los pocos que están a mi lado.
Amo a mi familia, pero nunca he hecho mucho por ellos, más que estar a su lado y compartir lo que se tiene que compartir.
Amo mi vida, pero nunca he hecho nada realmente provechoso con ella, ni para mí ni para los demás.

Y así podría seguir, pero creo que me voy explicando.  Una cosa es lo que yo creo, y otra lo que creen los demás. Entonces, sí, me creo mejor que los demás.

La primera vez que me dijeron que me creía mejor que todos, yo tenía 14 años, eran las 10 de la noche y estaba comprándome una gaseosa, sola.
En ese momento pensé que era porque a mis 14 años, hace más de 15 años, estaba comprándome una gaseosa a las 10 de la noche, sola.  Pensé que si eso bastaba para hacerles pensar que yo me creía mejor que todos, algo malo pasaba en su mente.
Pero no. Desde entonces, llevo más de 15 años escuchándolo, a veces con más frecuencia, con más rabia o con más intensidad.

Normalmente, la frase no viene sola:
Te crees mejor que los demás. No deberías, eres psicóloga.
Te crees mejor que el resto, tú no eres perfecta.
¿Por qué te crees más que el resto, si no lo has vivido todo?
Crees que lo sabes todo, eso no te hace mejor que los demás.
Una mujer como tú no debería creerse mejor que nadie. Te hace falta demasiado.

Y así, creo que me voy explicando.
Las frases vienen de todos lados. Del portero de mi edificio, que cuando tenía 14 años fue el primero que me lo dijo. De mis padres, de mi novio, de mis "amigos", de mis amigos, de mis no amigos, de mis compañeros (de clase, de trabajo...), de mis jefes, de mis hermanos, de mi familia, de mi "familia", de mi no familia. De cualquiera.

Llevo más de 15 años intentando entender por qué. Hoy creo que he llegado a una buena conclusión.

La compartiré, con nadie, porque me creo más que los demás.

Si pensar detenidamente las cosas, encontrarles el lado más práctico (que casi nunca es el ético, el moral o el deseado), y formar(me) una opinión clara sobre lo que YO he vivido/sentido/pensado/experimentado/probado/leído/etc y poder decirlo en voz alta, de manera firme, sin temor al qué dirán, equivale a creerme mejor que los demás, entonces sí, me creo mejor que los demás.

Si durar casi 30 años peleando conmigo misma para que no me importe lo que piense la gente, para engrosar mi piel cual rinoceronte para que no me duela lo que pasa afuera, y protegerme a mí misma del resto, equivale a creerme mejor que los demás, entonces sí, me creo mejor que los demás.

Si forjarme una opinión (no he dicho si correcta, si válida, si veraz, sólo dije opinión) sobre algún tema sobre el que debería (y mejor, sobre un tema que no debería) hablar y tener el valor para repetir esa opinión delante del que sea, sin importar títulos o posiciones sociales/familiares/espirituales, equivale a creerme mejor que los demás, entonces sí, me creo mejor que los demás.

Si haber crecido rodeada de mi misma, con cero (0) amigos, y permanecer así por casi 30 años, con pocas variaciones, y haberme dado cuenta de lo que me gusta y de lo que NO me gusta, y tener el coraje de buscarlo/evitarlo, equivale a creerme mejor que los demás, entonces sí, me creo mejor que los demás.

Si tener que demostrarme a mí misma, casi todos los días de mi vida, que sí puedo, que sí soy capaz, que no tengo miedo y que soy fuerte, y expresarlo en público y dejarlo ver, equivale a creerme mejor que los demás, entonces sí, me creo mejor que los demás.

Si buscar lo que quiero, aunque no sea inmediato, si esperar por lo que busco, y decepcionarme por lo que no tengo, si tener claros mis sueños, propósitos y metas equivale a creerme mejor que los demás, entonces sí, me creo mejor que los demás.

Pero
Si tú también te has sentido identificado con eso, si también tienes miedo pero tienes el coraje de vencerlo, si también has estado solo, si también puedes defender tu opinión, y tú NO te crees mejor que los demás, y además NO te lo dicen, entonces....
... entonces yo no debería creerme mejor que los demás, cierto?
Porque soy una persona normal, ordinaria, común y corriente, como tú.
Como yo.
Y tampoco deberían decírmelo, cierto?

Entonces no entiendo.

Llevo la mitad de mi vida escuchando que me creo mejor que los demás, palabras que salen de personas que no se toman ni 5 minutos para conocerme bien.  Durante esa mitad de mi vida, o por lo menos del 90% de la mitad de mi vida, eso no me importó.
Ahora, por cosas de la edad, me encuentro en una situación en la que de la nada es súper importante ser un frasco de Nutella para que todos quieran tenerme cerca.
Y entonces yo, que llevo 30 años perfeccionando el arte de empujar a la gente bien lejos para que sólo los que valgan la pena se queden en mi vida, así de la nada debo tumbar mis murallas, construir puentes, poner letreros multicolores y abrirle las puertas a todo el mundo.
Abrirle las puertas a esa gente que después de cada cosa que digo (o que callo) me dice que me creo mejor que los demás.
Abrirle las puertas a esas personas que después de cada cosa que hago (o que no hago) me dice que me creo mejor que los demás.

Llevo 25 de mis 30 años estando rodeada de 1 o 2 personas muy cercanas, que además no son constantes. Personas con las que puedo ser yo, que se han tomado el tiempo para conocerme, que me he tomado el tiempo de conocerlas, que saben realmente quién soy.

Ahora, por mi posición social, por mi trabajo, por mi estado civil, por mi edad y por lo que "debe ser", tengo que esforzarme en caerle bien a personas que no se toman ni 10 segundos en conocerme, pero como tengo que ser "the bigger person", tengo que dejarlas que me digan que me creo mejor que los demás, por ser quien soy. Y yo no puedo decir ni "a", porque les reafirmo que me creo mejor que los demás.

Si me preguntaran a mí, alguna vez, les diría que yo creo que me hace falta DEMASIADO para creerme mejor que la más pequeña de las hormigas que hay en este planeta.  Cualquier criatura (no humana) es mejor que yo.  Cualquier humano promedio, "buena persona", es mejor que yo. Y todo lo que he hecho hasta ahora ha sido para convencerme a mí misma que por lo menos valgo más o menos (aproximadamente) lo mismo que un humano promedio.
Pero no. Ni eso puedo. Porque hasta eso les hace pensar que me creo mejor que los demás.

Entonces, ¿saben qué? Les creeré.  Si llevan 15 años diciéndomelo, tanto y tan seguido, debe ser porque es verdad.

Entonces sí, me creo mejor que los demás.

¿O no?

Agosto, 2015


posted by Athenea

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Por mucho tiempo dejé abandonado este sitio.
Por demasiado tiempo, tal vez.

Me va quedando claro que escribir es como catártico para mi.
Que lo hago cuando necesito decir las cosas.... sin importar si alguien en algún momento le dará sentido al sonido de las letras que escribo.

Creo que es tiempo que inicie una terapia diferente; ya no una catarsis de todo lo que en su momento tenía por dentro, sino una forma (más) de comunicarme (un poco) con el mundo.
Y no, no es lo mismo que hablar, porque también me va quedando claro que las cosas que digo son chocantes, groseras y ofensivas para el 98% de mis oyentes.  Y como la cosa es dejar de ofender, pero sin enfermarme por guardarme mis pensamientos, entonces escribiré aquí, al aire, al vacío, a ese que no se ofende, a ese que sabe distinguir entre una queja y un comentario, entre una ofensa y una opinión, entre un insulto y una descripción.

Y si se ofende, de malas, porque nadie lo mandó a leer aquí, porque nadie revisa a ver si los muertos reviven.

Por mucho tiempo dejé abandonado este sitio.
Por demasiado tiempo, tal vez.

Volveré. Pronto.

12 meses


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12 meses han pasado (casi) desde la última vez que escribí aquí.  12 meses, exactos, desde este post.

Ese post lo puedo escribir hoy casi igual, porque realmente este año (desde ese post) que ha pasado ha sido de muchas más bendiciones y cosas buenas.

Hace 12 meses me quejaba porque no tenía tiempo más que para trabajar.  12 meses después, estoy gozando de un trabajo excelente, con personas excelentes, en un lugar excelente, con proyecciones excelentes, con responsabilidades excelentes, con un horario casi excelente, y con muchos días de "descanso" y de descanso que hasta ahora han sido pagos. Yay!

Hace 12 meses daba las gracias por mis compañeras de maestría a las que hace muchos meses no he vuelto a ver.  Hoy, 12 meses después doy las gracias por mis compañeros de trabajo, porque realmente trabajo entre grandes personas.

Hace 12 meses reflexionaba sobre la locura de cosas que me pasaron, una tras otra, sin darme respiro ni pausa para analizarlas.  Hoy, 12 meses después, cuando leo todo lo que escribí, mis conversaciones por diferentes chats con diferentes personas, mis expresiones, mis sentimientos, e incluso, mis fotografías, me doy cuenta que estaba en lo más profundo de un abismo negro y cerrado... o como diría mi mamá: como garza en la laguna, sin esperanza ninguna.

Bueno, tal vez exagero, no sería hace exactamente 12 meses; pero sí he cambiado, y notablemente, así los demás lo hayan notado o no.

Es increíble lo que uno cambia en 12 (o en 24) meses.  Haciendo una descripción gráfica, era como si me hubieran vaciado grandes volquetas de basura en mi interior.  Hoy, luego de sacar mil y mil y mil bolsas llenas de escombros y mugre, luego de limpiar y reemplazar muchos vidrios de mis ventanas, luego de incluso remodelar algunas partes de la casa, y de haber tumbado muros y construido un pequeño puente, puedo mirarme y decir: WOW.

Ya sé lo que dicen de eso de "viajar ligero". Ya sé que estoy ligera porque me quité un peso que ni siquiera sabía que tenía encima.  Ya sé qué es eso que dicen de "ser feliz", y de sentirlo bien bien bien adentro, y de sonreír en medio de un trancón interminable cuando salgo cansada del trabajo, solamente porque así de la nada sé que soy MUY bendecida y que no tengo NI UN SOLO motivo por el cual quejarme o renegar.

Y es que han cambiado las cosas:

Pasé de tener que coger 2 buses por más de 1 hora para ir al trabajo a las 6.00 a.m. ......... A salir de mi casa 5 minutos antes de entrar a trabajar, a las 8.00 a.m. (Por eso es que siempre llego pasada la hora de ingreso, jé)

Pasé de tener que llevar mi almuerzo, calentarlo en una cocina sucia, comer en medio de moscas y calor en media hora, y tener que lavar mis cosas a medias para luego volverlas a lavar bien en casa (porque casi nunca había agua o jabón) ....... A llegar a mi casa en 10 o 15 minutos, comer comida recién hecha, servida por la empleada, fresca en casa y poder hacer siesta, para de nuevo salir 5 minutos antes de entrar a trabajar, a las 2.00 p.m. (Por eso es que siempre llego pasada la hora de ingreso, jé)

Pasé de tener que coger 2 buses a las 5.00 p.m. por más de 1 hora para volver a mi casa, poniéndome en peligro y exponiéndome a todo, para llegar a cenar pasadas las 6.00 p.m., ordenar lo del día siguiente y dormir right away............ A llegar a mi casa en 15-20 minutos, segura, tranquila, protegida, a cenar tranquila o salir a hacer algo, y tener más tiempo (y menos cansancio) para vivir.

Pasé del simple hecho de tener que coger 4 buses diarios..... A tener mi carro (que no es mío, pero que es de uso privado y exclusivo mío), a manejarlo yo, a andar con aire, escuchando MI música,  y tener la potestad de ir y venir cuando quiera, a donde quiera.

Pasé de ganar poco, de tener un sueldo variable y dependiente del trabajo de otros, de quejarme de mis jefes y de mis compañeros y condiciones de trabajo, de trabajar en una empresa que aún no entiendo cómo es que no se ha quebrado...... A ganar bien, tener un sueldo fijo y dependiente únicamente de MI trabajo, de sentirme a gusto con mis jefes, mis compañeros y condiciones de trabajo, a trabajar en una empresa con gran proyección y que me ha generado en poco tiempo un gran sentido de pertenencia.

Pasé de no hacer nada, de sentirme inútil, de estar descontenta, de trabajar porque ajá.... A tener trabajo divertido, en donde soy considerada y tenida en cuenta, en donde me consultan y soy importante, a estar contenta, a venir de buena gana (aunque muchas veces con sueño, he de confesar).

Pasé de sentirme pequeña, cansada, agotada, triste, quejumbrosa, reflexiva, negativa, cínica, incrédula y malhablada..... A sentirme realmente feliz. Feliz por dentro, feliz por quien soy, por lo que seré, por lo que tengo (y lo que no), por quienes me acompañan en el camino, por tener a Dios de mi lado siempre.

Y una última confesión: Pasé de ver a mi Chiqui (still: questions not allowed) como alguien inalcanzable, demasiado bueno para mí, por allá montado en un pedestal, lejos de quien yo era... A verlo y tenerlo tan pero tan cerca, que .... bueno, el tiempo lo dirá, y con tiempo lo diré.

No tengo más nada que decir, solamente GRACIAS.  Gracias infinitas a mi Dios, que me escucha, me sobreabunda en bendiciones y me ama tanto. Gracias a todos los que han hecho que estos últimos 12 (y por qué no, 24) meses hayan sido de sonrisas y felicidad, y menos cargas y más risas, y menos peleas y más abrazos, y menos vulgaridades y más te quieros.

Definitivamente.... Dios pone en el camino de uno la gente y las situaciones adecuadas, que sacan lo mejor de lo que uno es. Pero uno tiene que dejarlo. Y yo, hace 24 meses, lo dejé. =D  Soy feliz =D

El finísimo arte de montar en bus


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Si vives en donde vivo, si sudas con el calor que hace, si sientes como te quema la piel el sol mientras esperas en la esquina, si te asomas hacia el bus antes de subirte para ver si cabes (y en qué mínimo huequito), si le preguntas al conductor si tiene vuelto para un billete "grande", y si pasa relativamente cerca del sitio a donde vas, entonces sabes de lo que hablaré.

Durante 5 años, más el año extra de la especialización, más un año y medio por cuestiones laborales, cogí bus desde mi casa hacia la universidad y viceversa.  Un bus por trayecto, un trayecto relativamente corto, un bus relativamente vacío (a no ser que fueran las 12.30 del medio día o las 6.30 de la tarde), con gente relativamente bien, a horas en las que no hay casi tráfico. O no había. O no lo sentía. O whatever.

Sin embargo, desde enero todos los días cojo dos buses, uno "pequeño" en un trayecto de media hora, y otro intermunicipal en un trayecto de otra media hora.  De ida.  De venida, es uno intermunicipal en un trayecto de casi una hora, y uno urbano con un trayecto de más de media hora.

En total, duro unas 2 horas y media en 4 buses, todos los días. Y digamos que he aprendido bastante.

Yo pensé que sabía coger un bus.  Claro.  Me pongo en la esquina, espero, saco la mano, me subo como pueda, pago como pueda, camino como pueda, me siento en donde pueda (si puedo), me bajo lo más cerca del sitio a donde voy. Y repita.

Pero no.  Luego de estos tres meses de intenso tráfico buséfalo (es que si digo busefálico suena bien mal; además que no sé cómo se dice) me he dado cuenta que no, que yo tenía una ligera "noción" de cómo se coge un bus.  Veamos:

Para empezar, la gente busca el lado con sombra.  Es intuitivo, pero no lo notas hasta que te das cuenta. O hasta que llevas una hora aguantando sol.

Luego, la gente se hace del lado de la ventana.  Cuando iba a la universidad, me dijeron que de ese lado era más peligroso, así que a no ser que fuera compartiendo silla con alguien conocido, JAMÁS me hacía del lado de la ventana.  A la fuerza, literalmente, comprendí por qué: la gente se acumula en el pasillo, y el que va del lado del pasillo (valga la redundancia) se tiene que aguantar que lo aprieten, que le den carterazos, codazos, pisotones, golpes y que le restrieguen algunas cosas bien desagradables.  Así que ajá, a fuerza de golpes, ahora procuro hacerme del lado de la ventana.

La gente casi nunca se sienta en los primeros puestos de un bus.  Esto aún no lo he entendido, porque a mi parecer son más prácticos, sobre todo si vas en busetita que no tiene salida por detrás, y tienes que avisarle al conductor dónde te vas a bajar.  Si es un bus grande, pues intentamos todos ubicarnos lo más cercano a la salida posible.

Cuando el bus va lleno, la gente se acumula en la entrada o en la salida.  Por alguna extraña razón, cogen un puesto en el que se agarren lo mejor que puedan y de ahí no se mueven.  Los que van entrando se apretujan como sardinas en lata al comienzo o al final del vehículo, mientras que dejan espacios vacíos en el medio que pueden aprovechar para ir más cómodos; pero nadie se acomoda.  Eso tampoco lo entiendo del todo todavía.

Caballeros sí hay, lo que no hay es puestos.  Esto es algo que a veces no me importa; pero a veces sí.  No por mí, pero sí por mujeres embarazadas o que van con niños.  Les toca a las pobres hacer como arañas y sacar brazos y fuerzas de donde no tienen para subirse, agarrarse y no dejar caer ni a los niños ni a las cosas, pagar y repetir y mantenerse en el proceso hasta que llega la hora de bajarse.

Los últimos puestos en ocuparse son los que están "sobre" las llantas o en los vidrios continuos de las salidas de emergencia.  Por alguna extraña razón, de manera inconsciente busco y prefiero esos puestos, con la ventaja de que solamente se sienta alguien ahí cuando no hay más donde sentarse en el bus.  Hay gente incluso que prefiere ir de pie.  Y yo feliz.

Es una tortura ir en un bus y no tener tus audífonos y tu propia música.  En las mañanas es más tolerable porque escuchan noticias y ajá, uno se pone al día.  Pero el resto de la jornada, o te pones los audífonos o te aguantas a los dj's de las emisoras hablando babosadas, o musiquita de taberna a todo timbal, o propagandas y miles de millones de propagandas.  Además, es probable que el de al lado te meta conversación.

Por sensación de "seguridad" o por "afinidad", las mujeres solemos sentarnos en puestos vacíos o en puestos donde ya haya una mujer.  Eso, generalmente.

Es "regla de cortesía" que cada uno se siente en un puesto vacío si el bus lo permite.  Si hay varios puestos dobles vacíos, siempre se mira raro al extraño que se acaba de sentar al lado de uno, como queriéndole preguntar que por qué te invade tu "espacio personal" y no va a sentarse solo, solito, puallá.

Hay gente que no se sabe sentar.  Flacos y flacas que se sientan torcidos y te clavan el codo en la cintura.  Gordos que se escurren desparramados en la silla y que parece que ni el bus mismo les alcanzara.  O gente que se sienta bien, pero que empieza a hurgar en los bolsos y termina uno con un codazo en la mejilla.  De lo peorcito.

Esto es Macondo, mi gente.  Y dónde más se ve reflejado Macondo que en sus plazas de mercado y en sus medios de transporte.  En aquellos sitios en donde la gente es pero deja de ser por un ratito, para acomodarse a los demás sin salir violado en el proceso.

Todo eso que dije no lo sabía, a pesar que duré muchos años largos cogiendo bus.  Aparentemente no era ni tanto ni tan seguido como ahora.

He descrito el finísimo arte de montar en bus aquí, en Macondo.  Welcome.

Sr. Empleador


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Abril 10 de 2012
La ciudad

Queridos empleadores

Me dirijo a ustedes, a todos ustedes, por este medio porque sé que no debo decírselos a la cara, y menos mirándolos a los ojos.  No porque no sea capaz, sino porque para ustedes no significará nada.

Son las 2.45 p.m., y estoy sentada en la silla de mi "oficina" (debería decir "puesto de trabajo"), como Dios manda.  O mejor dicho: como manda el reglamento de trabajo que ustedes se inventaron.

He sido independiente, me he sentado en salas de juntas de importantes empresas rodeada de otras personas que, al igual que yo hoy, se encuentran empleadas por ustedes, representándolos, trabajando por y para ustedes, cumpliendo horarios y tareas.  He hablado con gerentes (otros empleados más, puestos y quitados por ustedes a voluntad o a pulso de que no aumentan las ventas), con directivos, y en unas pocas ocasiones directamente con ustedes.

No tengo tantos años como "debería" tener para poder sentar una voz de protesta.  No tengo tampoco tantos años "laborales" como empleada como "debería" tener para que me respaldaran.  Sin embargo, lo que sí tengo, y lo que no me sobra para nada, es mi pensamiento, mío, propio.  Pero sobre todo, diferente.

Ojalá entendieran, señores empleadores, que tener a un grupo de gente subcontratada (no porque no esté bien contratada, sino porque no está contratada bajo las condiciones que debería), mal remunerada y bastante insatisfecha cumpliendo horas nalga (oops! se supone que no debí haber dicho eso, ¿cierto?) no es el "deber ser" de una empresa.

Ojalá entendieran que las horas nalga (lo siento) solamente hacen que ustedes aumenten sus gastos de operación, disminuyan sus horas productivas y acaben, poco a poco, con lo más preciado que tenemos todos: el tiempo de vida.

Estoy aquí, 2.50 p.m., cumpliendo horas nalga y escribiendo en mi computador (relativamente nuevo, afortunadamente) y con la cara más seria que tengo.  Mis compañeros de oficina creen que estoy trabajando, porque solamente se escuchan mis dedos sobre el teclado.  Mi jefe, su gerente, un empleado más, como yo (a excepción únicamente del sueldo que se pone mensualmente), está en su oficina haciéndonos creer a todos lo que yo le estoy haciendo creer a los demás.

Hablaré por mi misma, porque sería un abuso de confianza con mis compañeros utilizar mis palabras para "defenderlos" o representarlos.  Yo, en lo personal, no trabajo por el dinero.  O bueno, sí, todos trabajamos por el dinero; pero esa no es mi principal motivación, y, como psicóloga, he estudiado y evidenciado en muchas ocasiones que el dinero tampoco es la principal motivación de muchísimas personas.

Yo, a término personal, trabajo porque me gusta.  Afortunadamente, y por eso solamente hablo por mi, puedo darme el lujo de renunciar y no pasará nada de mayor importancia en mi vida.  No tengo la necesidad de "cuidar" celosamente mi "puestico", ni de pasarle mi lengua a los zapatos del gerente y desvivirme en adulaciones para que me "quiera".

Soy una trabajadora excelente; pero soy una pésima empleada.  Si ustedes, empleadores, fueran más flexibles con nosotros, sus empleados, no solamente reducirían costos operativos, sino que muy seguramente también aumentarían sus niveles de productividad.

Miremos mi caso.  Tengo un puesto de "coordinadora" porque pedí un sueldo mayor al que me ofrecieron, equivalente a un "analista".  Aún así, no me dieron completo lo que pedía.  Entré a trabajar porque estaba aburrida de estar en mi casa y quería hacer algo con mi tiempo "libre", mientras me gradúo.  Llego, y me encuentro con un puesto desactualizado, un departamento de RR.HH. inexistente (que ni me hicieron pruebas de sangre para ingresar ni me hicieron inducción), un departamento comercial en constante ebullición y una sobrecarga laboral casi excesiva en mis compañeros de trabajo.

Sin embargo, aquí estoy yo, haciendo esta carta para no dormirme sobre el teclado.  Mi puesto, aunque de "coordinadora", no equivale siquiera a un puesto de "secretaria".  Mis funciones, mal diseñadas (¿están acaso diseñadas?) se limitan a hacer llamadas, conseguir citas y llevar un par de indicadores que no tienen ningún impacto en nuestro trabajo diario.  Es un trabajo que hago una vez al mes, o que hago todos los lunes de 8.00 a 9.00 a.m.

Señor empleador, el resto de la semana no tengo nada que hacer.  Absolutamente nada.  La gente no contesta, o me dicen que los llame en quince días.  ¿Qué hago, mientras?  No me deja irme para mi casa, tengo que pedir permiso de máximo 3 horas para ir al médico, y encima, todos los días me aguanto un viaje de 1 hora de venida y 1 hora y media de vuelta hacia mi casa, en dos buses intermunicipales por trayecto (¡ya quisiera yo que fueran rutas contratadas por la empresa!).

Al contrario de mi caso, mis compañeros de trabajo llegan antes de la hora de entrada y se van mucho después.  No puedo ayudarlos porque sus labores son "confidenciales" o manejan "datos críticos".  No puedo hacer mucho por ellos porque ellos sí están "cuidando" su "puestico" y si se sienten menos cargados sienten que son dispensables.  Lo que no saben es que aún cargados, lo son.

Señor empleador, estoy desmotivada.  No sé si alcanza a entender que no hay nada peor que una persona excelente cuando se desmotiva.  Nunca había sido tan mediocre en mi vida.  Jamás había dejado pasar detalles en mi trabajo.  Primera vez que me interesa realmente poco lo que dice el gerente, porque cuando habla me parece que carece de iniciativa, de voz, de fuerza, de visión, de poder de decisión.  Es solamente un empleado más, y no le debo más respeto que el que se merece ya por ser persona, como yo.

Tengo que traer mi mouse de mi casa.  Tengo que coger dos buses.  Tengo que quedarme sentada mirando lejos. Tengo que traer mi almuerzo.  Y encima, tengo que hacer unas pocas tareas, simples pero desmotivantes.  Creo que es la primera vez que hago algo con tan pocas ganas.  Debe saber que yo no soy así.  Que respondo a lo que recibo, y de parte de ustedes no he recibido mucho así que no tengo mucho por dar.

Anoche, hablando con mi padre, él decía "estos empleados que quieren ganar millones y no hacen ni para el centavo", y trístemente me encontré identificada con esa frase.  Me molesta la mediocridad, me perturba que no esté dando lo mejor de mi; pero al mismo tiempo no me importa.  ¿Por qué? Porque pienso que si doy lo mejor de mi, al nivel al que suelo darlo (ganándome millones y no centavos, como dice el dicho), ustedes seguirán pensando que ese trabajo esforzado, demorado y de calidad, vale esos tres pesos.  Y no.

I won't raise the bar any higher, because you won't be able to jump over it.

Si hago lo que tengo en mente hacer, por lo que me están pagando, señores empleadores, no solamente estaré siendo infiel a mis principios, sino que estaré dañando el mercado.  Sin embargo, he hecho unas cosas que deberían ser fundamentales no sólo en mi cargo sino para su empresa, y que hasta ahora ni siquiera habían contemplado hacer.  Pero además de lo que ya dije, la principal razón de todas es que, como tienen aquí un desorden administrativo tal, todo lo que haga se quedará en papel y pecará por falta de implementación.

¿Y sabe qué, señor empleador? Me rehúso.
Y estoy segura que también se rehúsa mucha gente.

¿Sabe qué gana con eso? Podrá contestarme que "Ahorrar costos de nómina", o "Ampliar horarios de trabajo".  No.  Lo que va a hacer es a generar empleados cero comprometidos. Empleados que por dos pesitos más que los pocos que usted paga, lo dejan solo.  Empleados que estarán constantemente buscando nuevas ofertas y oportunidades, que a la primera lo dejarán tirado, y que además, se llevarán todo el conocimiento consigo.... porque para qué escribirlo, si no será usado.

Craso error. Pero bueno, no es mi empresa. Y no es mi labor, como empleada, decirle todas estas cosas.  Así como tampoco es su labor, como empleador, escucharme.

Por eso escribo aquí, al aire, a los otros empleados que probablemente se identifiquen conmigo.  A todos aquellos que buscan nuevos aires, otras tierras, otras gentes.  A esos que saben que valen más, que pueden más, que merecen más.  Y a los empleadores que sí lo hacen bien, que saben que su activo más valioso es la gente, y que mantienen a sus equipos con sonrisas en sus rostros, porque un empleado feliz no es un empleado inefectivo, sino todo lo contrario. Y porque saben que un jefe amargado y que inspira miedo no es un buen jefe, sino al revés.

Atrévase, señor empleador, a darle más a su gente.  Porque la gente es lo que hace los números, esos que usted cree, erróneamente, que son los que hacen a su empresa.  Ponga las prioridades en orden, y ya verá.

Y con esto me despido, que ya son las 3.10 y voy a darme una vuelta por sus instalaciones, a ver qué me invento para espera a que suene el timbre de la salida.  Ah, porque además de todo, nos tiene como niños de colegio: timbre a la entrada, timbre al recreo (qué digo, al almuerzo), timbre a la salida.

Y así, nos cita su empleado mayor, el gerente, a "comités de gerencia" semanales en donde dice "sí" a todo, en donde se llena la boca diciendo "hay que hacer" semana tras semana, sin realmente hacer nada nunca.

Hasta pronto señor empleador, sepa que apenas consiga algo mejor, o apenas me aburra otro poquito más (que falta realmente poco), lo dejaré solo, así como estaba antes.  Y gastará más, porque así como es más caro conseguir un cliente nuevo que mantener contento a uno existente, es también más caro conseguir gente nueva que mantener contento al equipo de trabajo.

No espero que me escuche, pero he hablado.

Me despido de usted(es) muy respetuosamente, cumpliendo con mi deber personal, el decir las cosas que no me parecen (aunque nadie me escuche).

Saludos cordiales,

Atenea.

Pd: Ya son las 3.20 p.m. Que se me va el tiempo en lo que reviso que todo haya quedado claramente dicho.

Gracias


posted by Athenea

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Sí, ya sé que casi no escribo.  Pero díganme quién escribe cuando llega a casa antecito de 7 p.m., luego de venir por 1 hora y media sentada en dos buses, muerta de hambre y teniendo que dormir lo suficiente para estar de pie a las 5 a.m. Nadie.

Pero bueno. Hoy (o ayer, mejor dicho), inició oficialmente la semana santa para mi.  Y aprovechando la ocasión, y que todo el mundo (o la mayoría) está en un mood religioso, pues daré gracias públicas además de las que doy en privado.

Tengo que agradecerle a Dios todas las cosas lindas que me han pasado en este último año.  Hoy, con la vista más clara y el paisaje más definido, miro para atrás y digo: Qué bien.

Qué bien porque, aunque lo que quería era irme lejos de todos, estoy aquí.  Qué bien porque las puertas se me abrieron aquí, porque las cosas salieron en orden aquí, porque nada se forzó aquí.
Porque después de haber tocado por tantos años y tantas veces de seguido las puertas para irme del país a hacer una maestría, la puerta de aquí se abrió solita, sin yo saber siquiera que existía.
Porque una vez abierta, conocí personas maravillosas, de una gran calidad humana, y a las que hoy aprecio mucho.
Porque una vez abierta, las demás cosas empezaron a fluir sin que yo las buscara tampoco.

Gracias también porque las cosas, aunque a veces no las entienda, pasan por una razón.  Hoy entiendo por qué se retrasó el pago de mi proyecto pasado, por qué se retrasó el proyecto completo, y cuál fue la finalidad de que yo estuviera ahí.  Y doy gracias.

Gracias porque las experiencias que he tenido en estos últimos 12 meses han sido de las mejores de mi vida.  Porque todo ha estado tranquilo, sin presiones ni preocupaciones.  Porque Dios se ha encargado, como se lo he pedido, de mi vida, de mi andar y de mi futuro.

Me ha puesto a las mejores personas que haya podido encontrar.  Me ha puesto en los mejores sitios, en las mejores condiciones, en las mejores circunstancias.  Me ha puesto en los momentos perfectos, con un timing preciso, siempre en pro de lo mejor para mí.

Tal vez hace un tiempo estaba cegada con mucho dolor y no veía las cosas como realmente eran (Vamos, quitémosle el "tal vez").  Pero hoy, no sólo miro hacia atrás y doy gracias, sino que miro hacia el frente y, sin saber realmente lo que veo, sé que lo que seguirá sucediendo conmigo será únicamente lo mejor.

Por mucho tiempo le pedí a Dios que tomara el control de mi vida y que hiciera con ella solamente lo mejor; pero sin saberlo yo era el único obstáculo para lograrlo.  Yo misma, con mi terquedad, me eliminaba de las mejores opciones y me quedaba en las mismas circunstancias.  Y aún así, encima de todo, tenía el coraje de ir a reclamar con rabia y dolor el "por qué" de mi situación.  Perdón.

Hoy doy gracias por las cosas que me pasan todos los días.  Porque conmigo estudian y trabajan las mejores personas.  Porque convivo con excelentes seres humanos, porque comparto con alguien muy especial.  Porque entre todos, y sin ellos saberlo (o tal vez ellos sí saben pero yo no sabía) me han enseñado muchas cosas que había olvidado y que me han hecho crecer, cambiar y ser mejor persona.

Y tengo que dar gracias por eso.
Gracias a Dios porque no solamente me escucha y me responde, sino porque me responde de la mejor manera, siempre sobreabundándome en las cosas que pido, yendo mucho más allá de lo que yo tenía en mente.

Gracias por el trabajo en donde estoy ahora, porque sé que es una preparación.
Gracias por las oportunidades que se me abren, porque sé que son retos y que creceré con ellos, y que de Tu mano, Dios, haremos cosas grandes.
Gracias por la maestría, porque no solamente me permitió conocer personas maravillosas, sino porque me ha abierto los ojos a otras cosas que me faltaban.
Gracias por mi familia, porque realmente no he podido caer en un mejor hogar. Y porque yo quiero que el mío sea así.
Gracias por mi Chiqui (questions not allowed), porque aunque no es mío y no es chiqui, ha sido de lo más lindo y lo más grande que me ha pasado.
Gracias por mis amigos, porque están allí para mí aunque yo a veces no esté para ellos.
Gracias por callarme la boca, por tenerme tanta paciencia, y por llevarme hasta donde estoy y hasta donde llegaré.
Gracias por escucharme, por responderme, y por hacerlo de maneras tan amplias como lo haces.

Gracias a Dios porque este último año, al que no le tenía nada de fe, ha sido de los mejores.  Y sé que seguirán así.  Que no solamente se cumplirán los deseos que pida los 31 de Diciembre, sino que tendré muchas más cosas.

Haz de mi vida lo que quieras, ponme donde tengo que estar, con las mejores personas, en las mejores situaciones.  Permite que sea luz para los demás, y que los demás sean luz para mi.  Tu tiempo es perfecto, Dios, y Tus acciones lo son aún más.

Confío en Ti, te creo a Ti, y creo en Ti.
Gracias. Miles de gracias. =)

Hoy, gracias a Dios, soy feliz. =) MUY feliz.

Querido Inconsciente


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Marzo 1, 2012

Sr. Ello
La ciudad

Querido Inconsciente,

Me dirijo a ti el día de hoy para comentarte con desagrado que no me gusta lo que estás haciendo conmigo.  En previas conversaciones personales contigo creo que dejé claro que la que da las órdenes soy yo.  Pero tú, querido inconsciente, te revelas constantemente de todo lo que digo, llevándome la contraria y haciendo lo que deseas.

Un claro ejemplo de lo que estoy hablando pasa todas las noches, y pasó anoche.  Anoche, querido inconsciente, antes de quedarme dormida te dije de forma educada y clara: "Hoy no lo vamos a soñar.  Hoy no vamos a soñar. Punto. Hoy vamos a descansar. Hasta mañana".  Me ha tocado enviarte mensajes cortos, claros, concisos, porque me he dado cuenta que entre más largo el mensaje más te aprovechas para tergiversarlo.

Habiendo dado una orden clara y específica, me acomodé entre las sábanas y me dispuse a apagarme toda, con la conciencia (esa es otra a la que tengo que escribirle otro comunicado; pero esa es otra cuestión) tranquila; pensando que por una noche me harías caso, que tu también te apagarías, que aprovecharías para descansar y poner en calma tu caos interno.

Pero no, querido inconsciente, volviste a hacer lo que te da la gana.  Crédito tengo que darte porque, a pesar que no me obedeciste del todo, no lo soñamos.  Bien hecho, querido inconsciente.  No obstante, no te mereces más que esa parca felicitación.  El no soñar con él ni con nadie no quiere decir que mi mente, una mente de letras y palabras, tenga que soñar con números. No.

Querido inconsciente, soñar con las estadísticas de ventas de la empresa NO es una opción para las noches.  Que te quede claro, apreciado señorito, que es la primera y última vez que me juegas sucio. Y espero que esta orden sí la acates; aunque sé que te costará.

Caótico inconsciente, habíamos quedado también en que el trabajo se queda a las 5 p.m. en las oficinas.  Que nos vamos a dormir y vamos a soñar rico, con caricias y atenciones; no con estados financieros.  NO. No vengas ahora a convencerte de que como trabajas en mercadeo ya eres un financiero armado.  Por favor, que bastante tengo con tus ínfulas de superioridad.

Querido inconsciente, no veo la hora de que te apagues de nuevo todas las noches, esas noches deliciosas en las que tu caótico mundo quedaba en pausa, y mi mente podía descansar.  En donde amanecía sin tantas ojeras, en donde las sábanas no pesaban una tonelada y en donde mi cuerpo respondía a mis comandos.

Entiende, inconsciente, que la que quiero que mande en mi vida es mi mente (y a esa, otra carta, otro asunto).  No tú.  Entiéndelo, de una vez por todas; y si vas a seguir desobedeciéndome, al menos muéstrame cosas ricas, eventos dulces, personas agradables. No números. No ex novios. No frustraciones.

Agradezco tu atención a la presente, y espero que no tenga que volver a escribirte formalmente.

Un abrazo,

Tu querido Súper-Yo.

Desechable


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Divorcios.
Cambios de trabajo constantes.
Desánimo.
Suicidios.
Abortos.
Infidelidades.
Depresión.
Desesperanza.

Vivimos en un mundo que sin ser desechable, se volvió desechable.  Nos hizo volvernos desechables a nosotros mismos, los que nos inventamos el término y los que terminamos sufriendo por la sensación.

Nosotros mismos nos impusimos la necesidad imperativa de buscar con frenesí siempre algo nuevo, alguien diferente, un lugar distinto, una experiencia que se salga de lo que siempre hemos tenido.  En aras de alimentar nuestra "vivencia", nuestro paso por este mundo, nuestro "mañana no es seguro", vamos por la vida desechando el tiempo, las experiencias, los aprendizajes, los corazones y en últimas, desechándonos a nosotros mismos.

Vivimos en una época en la que tenemos más de lo que nunca la humanidad había tenido.  Todo es vertiginoso, rápido, cambiante.  Lo único constante es que nada permanece, que todo cambia sin necesidad, que todo es obsoleto incluso antes de estar finalizado.

Vivimos en una era en la que tenemos todo a la mano, en la que la pereza mental, física, emocional y hasta espiritual nos ha llenado a tal punto que nos hemos vuelto seres pesados, cargados, llenos de un vacío que nos obliga a movernos rápido, a estar pendientes de cosas que nosotros mismos inventamos, a temerle a invisibles, a adelantarnos a inexistentes.

Una época en la que vivimos más juntos, en menos espacio; pero somos más desconocidos.  En la que contamos con miles de herramientas para comunicarnos al instante, y aún así somos incapaces de descifrar miradas.  En un mundo en el que por obligación nos vemos todos los días, nos hablamos todos los días.... y no tenemos ni idea ni siquiera de quiénes somos nosotros mismos, ahora vamos a conocer a los demás.

Un mundo en el que todo es desechable.  En el que el esfuerzo invertido en hacer algo, llevar algo a cabo es desechable; porque al breve tiempo el frenesí con el que viaja el mundo nos obliga a volver a iniciar otra cosa.  A volver a empezar en un trabajo distinto, en una escuela distinta, en una ciudad distinta, con una persona distinta.

Atrás quedaron los días en los que la humanidad disfrutaba de las cosas que tenía, y de las cosas y personas realmente importantes.  En búsqueda de la novedad, desperdiciamos el tiempo como si tuviéramos más vidas por vivir.

Pasamos todas las horas de sol trabajando para alguien más, bien sean ellos nuestros clientes o nuestros jefes.  Pasamos todas las horas de sol intentando acumular riquezas, experiencias, conocimientos; pero nunca vivencias.  Es una pérdida de tiempo jugar con los niños, ver el atardecer, componer una canción o simplemente caminar por allí.  Sentarse a hablar con alguien mirándole a los ojos ya no vale... porque esa persona puede que no esté allí en unos pocos días.

Desechables, al punto en que decidimos dejar de existir los unos para los otros.  Desechables, reemplazables, prescindibles.  Un mundo del que creemos que podemos sacar todo lo que podamos tomar, como si tuviéramos otro.  Gastándonos el tiempo como si tuviéramos más en ese relojito en nuestra muñeca.  Invirtiendo en no invertir.

Desechable es el amor, aquella promesa y aquel sentimiento profundo hacia otra persona, hacia la familia, hacia los animales y la vida.  Ya llegará alguien más, hay muchos peces en el mar, ya pasará todo, porque nunca hay nada definitivo.  Decir "te amo" es como decir "hola", todo el mundo lo dice pero nadie realmente sabe qué es lo que quiere decir.  Dedicar tiempo, esfuerzo, ponerle ganas y dedicación es algo que hacen personas "ridículas", personas que están "out", porque la moda es tener sexo de una noche y cada noche con una persona diferente, faltándonos el respeto mutuamente, degradándonos al nivel de los animales, creyendo que por ser "libres" y no "atarnos" a nadie somos más y mejores.

Desechable es la vida, don precioso y maravilloso que mucha gente se priva de disfrutar.  Suicidios, homicidios, todo es efímero, nada vale la pena.  El esfuerzo no rinde frutos, el trabajo no da satisfacción, la familia es un dolor de cabeza, los hijos son un problema.  Caminar es un fastidio, bañarse en la lluvia es peligroso, vivir es una molestia.

Desechable el mundo en el que vivimos.  Desechables nosotros, que en poco tiempo estaremos obsoletos, una obsolencia programada por la misma sociedad, cada vez en menos tiempo, como los equipos de alta tecnología.  Desechados por nosotros mismos, desechados por nuestros propios pensamientos, por nuestros propios sentimientos.

No es que seamos desechables.  Es que nosotros mismos queremos serlo, afanados en "ser mejores", en "crecer", en "evolucionar".  Todos términos mal utilizados al referirse a tantas cosas... a tantas cosas que en ocasiones es mejor que permanezcan intactas, inmunes a fantasmas necios y desenfrenados que nosotros mismos decidimos crear.

No somos desechables.  Nos convencimos de serlo. Y por ende, lo somos.

Indecisa


posted by Athenea

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Los que me conocen de cerca saben que soy indecisa.

O bueno, no es que sea indecisa, sino que cualquier cosa me viene bien.

O bueno, no es que cualquier cosa me venga bien, sino que me amoldo a las circunstancias.

¿Si ven?

El caso es que estos cuatro días de carnaval, (casi) sola en casa, me confirmaron lo que yo quiero, y la decisión que hace mucho rato tomé para mi vida pero que aún no he podido llevar a cabo:

Quiero vivir sola.

Bueno, sí, todo el mundo quiere eso. Pero no.

Vivir sola, y tener mi casa y mis cosas por mi y para mi no significan lo que para muchos significa.  Es como cuando digo que quiero un Audi, un Mini Cooper o un carro de esos.  No es que quiera las cosas materiales, no... quiero lo que significan.

Para mi, llegar a vivir sola significa que por fin encontré algo que me gusta (un trabajo o un empleo) al que me gusta dedicarle tiempo y que además me da dinero para poder pagarme las cosas.

Que disfruto haciendo mi trabajo, que disfruto estar rodeada de la gente de la que esté rodeada, y que por un tiempo ahorré y tuve lo suficiente para invertir en mi.

Que tengo la libertad de hacer con mi espacio lo que quiera, y que nadie me diga en dónde deben ir las cosas o cómo debo hacerlas.

Que puedo disfrutar de mi tranquilidad, de mi paz, de mi pereza dominical, de no bañarme sin que nadie me diga nada.

Que conseguí una casa a la que en algún momento llamaré hogar, el paso previo para muchas cosas.

Que tengo lo suficiente (tiempo, agallas, esfuerzo, dedicación, valentía, dinero) para mantenerla, para arreglarla, para que sea mi lugar a mi manera.

Que puedo compartirlo con quien me de la gana.  Y esto es lo más importante.

Yo no quiero vivir sola por vivir sola.  Porque para vivir sola me quedo como estoy, llegando tarde en la noche a casa y saliendo de casa antes que salga el mismo sol.  Teniendo las cosas listas, sin preocuparme de nada, sin ver mucho a mi familia ni pasar tiempo con ellos.  Llegar a dormir, verlos cinco minutos antes de irme.  Eso es vivir solo, aunque se viva acompañado.

No.

Yo quiero (y esto va bastante en contravía a lo que siempre me he "imaginado" o "sabido") llegar a casa y que alguien me espere. O yo esperar a alguien. Alguien con quien pueda luego planear qué comer, cocinarlo, pasar tiempo tirados en la cama haciendo nada o haciendo todo, bañarnos juntos, hablar.....

Para eso quiero mi casa. Y tener mi casa probablemente significará que tengo con quien compartirla.

Y eso es lo que quiero.

Por una vez en la vida, me mantengo en una decisión:

Quiero mi casa. No por tener un espacio, sino porque significa que estoy lista para compartirla con alguien. Y más importante aún, que tengo con quien compartirla. Sino, para qué casa vacía.

Sí, soy indecisa en muchas cosas. Aún no sé cómo voy a conseguirlo, ni siquiera sé si lo conseguiré... pero al menos creo que he tomado una decisión.

Quiero mi casa, y mi carro de alta gama. No por ellos, sino por lo que traerán consigo. O más bien, porque son el resultado de cosas que habrán pasado antes... de cosas que no sé si pedirle a la vida, porque no sé si me las de.

Gracias


posted by Athenea

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Tengo varias malas costumbres, o defectos como a veces les llamo.

- Me ilusiono muy rápidamente. Esto también cuenta para enamorarme, entusiasmarme, alegrarme....
- Me desilusiono aún más rápidamente de lo que me ilusiono. Aplica también para desenamorarme, desentusiasmarme, entristecerme...
- Doy mucho las gracias.  Gracias. Gracias; pero no, gracias.
- Soy desagradecida. Me quejo por todo.
- Pido mucho disculpas. Lo siento.
- Nada se me olvida. No necesito agenda.
- Todo se me olvida. Necesito a mi mejor amigo para que me recuerde mi existencia.

Y así.. pudiera seguir y contar 101 seguramente.

Pensaba en eso hace un par de tardes (o ayer por la tarde, no sé), y recuerdo haber dicho que si conseguía un trabajo todos los días me levantaría y agradecería por él; aunque fuese un trabajo pequeño o por un rato.

Resulta que ahora me levanto y, aunque no me quejo, no agradezco.  Es como no decir toda la verdad... no es decir mentiras, pero tampoco es decir la verdad.

Y pues nada.  Que he tenido otras oportunidades, que he pensado en muchas cosas, que incluso pensé en renunciar a la primera o segunda semana de estar ahí (es decir, la semana pasada).  Que esto, que aquello; pero no.

Por alguna razón estoy ahí, por alguna razón parece que me quedo un rato. Y tengo que agradecerlo. Porque duré más de dos años sin hacer nada, descansando, sin plata pero con tiempo, viendo cómo se escabullían mis días productivos y cómo disminuía el dinero de mi cuenta.

Ahora es como lo mismo, tengo plata (no mucha) pero no tengo tiempo, y sigo viendo cómo se escabullen mis días productivos pero cómo poco a poco mi cuenta se va llenando =)

Y ahí voy. Día tras día, haciendo un esfuerzo al que no estaba acostumbrada, cogiendo 4 buses todos los días, saliendo sin sol y llegando aún más oscuro a casa, bañándome en las noches para dormir media hora más en la madrugada (y no me da pena decirlo), tomándome 1 hora de viaje en las mañanas y 1 hora y media en las tardes, llevándome el almuerzo, vistiéndome formal.... pero dando gracias por eso (casi) todos los días.

Porque acabo de entender que si uno no agradece lo poco que recibe... ¿Para qué se molestará la vida en darnos algo más grande?

Ahí se las dejo. En esas ando. Corrigiendo mis defectos, o al menos pensando en corregirlos, en esas 2 horas y media "muertas" que tengo todos los días.

Gracias, Dios, por escucharme. Y aún más gracias, Dios, por responderme.

101


posted by Athenea

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No tenía nada que hacer anoche en playa, y escribí 101 cosas que "probablemente" la mayoría de ustedes no sepan sobre mi.   Enjoy.


1. He empezado a escribir 2 libros y escribí 1 canción.
2. El dinero para mi es importante; pero no lo es todo. Soy de las que ahorro y no malgasto; pero si quieres algo y te lo puedo comprar, lo compro. Si quiero algo y lo puedo pagar, lo compro.
3. Lloro en absoluto silencio. Tanto, que si lloro en tu hombro, no te das cuenta a no ser que me mires el rostro.
4. Llevo una década viviendo en una cuadra con 10 restaurantes, de los cuales solamente conozco 5.
5. Soy loca llaveros, loca lapiceros, loca tazas (mugs) y loca libretas.  Si algún día no sabes qué regalarme, cualquiera de esas cosas me viene (muy) bien!
6. My number is one digit.
7. No me demoro un siglo arreglándome, siempre y cuando ya sepa qué es lo que me voy a poner.
8. Jamás he estado borracha.
9. No me gusta la cerveza, ni el whisky, ni el vino tinto.
10. Si me gustaran las verduras, fuera vegetariana.
11. Sufro de 2 o 3 enfermedades relacionadas con el sistema digestivo.
12. Pienso, pienso y pienso y sobrepienso todo.
13. No me gusta el vallenato. De ninguno.
14. No me gusta lidiar los problemas de la gente. Por eso poco cuento los míos a mis amigos, y por eso no soy psicóloga clínica.
15. Me encanta dormir; pero solamente me duermo temprano por dos razones: o estoy MUY triste o estoy MUY enferma.
16. Me cuesta demasiado vomitar. Cuando vomito, estoy MUY enferma.
17. Me encantaría estar todo el tiempo rodeada de buenos amigos. Sin embargo, me cuesta mucho y casi todo el tiempo estoy sola.
18. Soy práctica, pragmática, cínica y cortante. (Por encimita) Y qué.
19. Con mi pareja soy MUY cariñosa, consentida, me gusta atenderlo y cuidarlo, y doy todo de mi (a veces -casi siempre- doy de más). Un caramelito derretido. (Muy en el fondo)
20. Me encanta mucho (mucho) comprar ropa interior; pero no me gusta salir a comprar ropa ni zapatos: nada me gusta, y de lo que me gusta, nada me queda.
21. Hace unos cuantos años no me baño con jabón en barra, sino con jabón líquido.  Hace unos pocos años ya no me echo más nada en el pelo fuera del shampoo y el acondicionador.
22. Cuando la gente me importa, y cuando doy regalos, me gusta hacerlos únicos y con un toque personal. Me gusta esforzarme por dar algo agradable, diferente y que la gente aprecie.
23. No me interesa un hombre por el dinero que tiene, su(s) carro(s) o casa(s). Punto.
24. Soy acelerada, mi mente se anticipa a todo y me hace ser impaciente. Hasta conmigo misma y mi propia existencia. Quiero todo YA.
25. Podría vivir en un avión. Me encantan los aviones.
26. El amor no se limita a la pareja. Amo a mi familia, amo a mi perrita, amo a mis amigos, y no me da pena decirlo.
27. Aunque diga que no, sí me quiero casar (para toda la vida) y sí quiero tener dos hijos (ojalá más antes que después).
28. A uno le compran su tiempo de vida para trabajar, no al revés. Uno no vive para trabajar, trabaja para vivir. Y punto.
29. Soy la cosa más tierna y romántica del mundo, cuando me siento segura y confiada para serlo. Mientras tanto, soy "nice" y ya.
30. Pensé seriamente en suicidarme varias veces en mi vida. Como muchas personas.
31. No soy amiga de mis ex. Soy una conocida, si quedamos en buenos términos. Y eso.
32. Estoy muy pendiente de la gente a la que amo. A veces, demasiado pendiente; aunque no se den cuenta.
33. Cuando algo/alguien se me sale, se me sale. No hay nada que hacer para que me vuelva a gustar.
34. No me gusta pintarme las uñas de las manos.
35. Solamente me corto el cabello en luna menguante.
36. Mi profesión (y sueño) frustrado es ser astrónoma.
37. Si tuviera el dinero, iría a la luna. Just for fun.
38. No me puedo poner aretes de topito.
39. Duermo arropada hasta el cuello así esté muerta de calor.
40. Cojo rabia con suma facilidad, y por tonterías, pero no me duran más de 10 minutos. Cuando cojo rabia por cosas que no son tonterías, y me duran más de 10 minutos, escóndanse.
41. Quiero ser una gran persona, y poder hacer algo por mi vida, por la vida de alguien más o por el mundo. Así sea algo pequeñito, para no irme de aquí sin hacer diferencia.
42. Soy la cosa más llorona del universo. Lloro si estoy feliz, triste, frustrada, brava, asustada... And so on.
43. Casi siempre tengo las manos heladas. Soy demasiado friolenta. En extremo.
44. Tengo que aprender a exigir más de la gente.
45. Si puedo caminar, camino. Si me pueden recoger/llevar, mejor. Sé manejar pero prefiero no hacerlo.
46. Toda la vida he querido aprender a tocar el piano. Ahora al menos tengo piano donde empezar a practicar.
47. Quiero un telescopio desde que tenía 12 años.
48. Quiero que mi anillo de compromiso (if any) sea de amatista morada con pequeños diamantes alrededor. No quiero un diamantote y ya.
49. Soy cómoda y dormilona, no floja.
50. Las canciones romanticonas me fastidian a veces porque me recuerdan todas las cosas que he vivido y que no quiero repetir. Por eso prefiero los ritmos más rápidos y rumberos.
51. Me encanta estar descalza.
52. Quiero que me digan "te amo" (de verdad) mirándome a los ojos, en un sitio despejado bajo el cielo estrellado. Cliché; pero ajá. (Lloraré)
53. Si puedo no meterme a la piscina y/o al mar, no me meto.
54. No me gusta un hombre tomador, parrandero, pernicioso, vallenatero y/o fumador. Así este buenísimo.
55. Soy (muy) celosa si tengo razones. Soy (muy) fresca si me siento tranquila.
56. Suelo imaginarme las peores cosas: accidentes, muertes, enfermedades... Porque todo lo que imagino NO pasa.
57. Soy la más chichiricienta del mundo.
58. Me gusta que me manden flores. Aunque nunca nadie me las manda por ninguna razón. 
59. Soy (muy) realista, aunque la gente diga que no soy realista sino pesimista.
60. Soy de extremos. Algo me gusta mucho o no me gusta nada. (Aplica para todo)
61. Soy insegura de mi misma, aunque aparente lo contrario.
62. Me encantan los perfumes, las faldas, los tacones y los vestidos; pero casi nunca los uso.
63. No me gustan ni me deslumbran las joyas.
64. Sé bastante de carros, de fútbol, de política y de tecnología. Más que las mujeres promedio.
65. Por más que los pruebe y los vuelva a probar, no me gusta ni el arequipe, ni el coco, ni la leche condensada, ni el maní, ni el chocolate blanco, ni la pony malta, ni las nueces, ni las cerezas, ni la papaya, ni la crema de leche, ni las aceitunas. Nada que hacer.
66. Entre mujeres, casi nunca tengo de qué hablar: no sé de salones de belleza, ni de moda, ni de bebés, ni de telas, ni de gimnasios, ni de spas, ni de peluquerías, ni de dietas, ni de procedimientos quirúrgicos de belleza, ni de la farándula. Nada que hacer.
67. Jamás he hecho una dieta, ni me he matado en el gimnasio o contando calorías.
68. Me fastidia (mucho) la gente que no tiene nada en la cabeza. O que tiene mala ortografía. O peor: ambas.
69. A veces sé lo que quiero de la vida. Solamente a veces, y no me dura casi.
70. Si pudiera volver a escoger carrera, no sería psicóloga.
71. Nunca he hecho un show por nada ni a nadie. Soy más passive-agressive.
72. Nunca me he imaginado casándome. A veces, sinceramente, pienso que es porque eso nunca (me) va a pasar.
73. Siempre he pensado que las cosas buenas le pasan a los otros, y que yo no las merezco.
74. Me encantaría poder irme de viaje y recorrer el mundo, viviendo un tiempo en cada parte. El problema es que me da demasiado miedo hacerlo.
75. Nunca me he considerado especialmente hermosa. Simpática y ya.
76. Siempre he creído que me veo mejor "bien vestida" que desnuda.
77. A pesar que no me molesta la soledad, me da miedo quedarme solita por no ser nunca lo suficientemente buena para nadie; o porque nadie nunca fue lo suficientemente bueno para mi.
78. Me incomodan las multitudes. Y más las multitudes escandalosas.
79. Soy cristiana sin apellido, y los santos católicos me dan miedillo.
80. Siempre he pensado que le intereso poco a los demás, aunque sé que soy interesante.
81. Aunque me gustaría dejar que todo fuera como debe ser; me entran ataques de angustia cuando siento que no tengo control, dominio o fuerza de predicción sobre lo que me pasa.
82. Me apego mucho a la gente y he sufrido mucho por separaciones (traumáticas o no). Por eso en muchas ocasiones prefiero quedarme sola o tener pocos amigos. (Es como la gente que prefiere no tener hijos/mascotas para no perderlos)
83. Me dan asco los peces vivos, especialmente si han brincado por fuera de la pecera y se están ahogando.
84. No me puedo comer un pez entero, con cabeza y cola, y mirándome con la boca abierta. No soy capaz.
85. Tengo déjà vu's a menudo, y tan intensos que hasta puedo predecir que va a pasar por un tiempo largo. He intentado hacer que cambien las "predicciones"; pero de una u otra forma todo termina pasando como yo "sabía" que pasaría, por mucho que haga o deje de hacer.
86. Hay cosas que simplemente "sé". Y eso que "sé", sencillamente "es".
87. Suelo ser laxa, permisiva y perdonar o pasar por alto cosas que no debería cuando estoy enamorada.
88. Tengo dos ojos, dos orejas y una boca; así que observo y escucho el doble de lo que hablo (casi literalmente).
89. Suelo demorarme para coger confianza con alguien, y suelo demorarme muchísimo más para que alguien coja confianza conmigo.
90. Mi representación mental de mi estructura consciente e inconsciente es un castillo, con todas sus murallas y fosos y habitaciones.
91. No espero (casi nunca) nada de nadie, así evito decepciones y "garantizo" sorpresas.
92. No confío en la gente que alardea de sus capacidades, en ningún aspecto de sus vidas.
93. Me gusta pagar mis cuentas, comprarme mis cosas y sentirme independiente. Sin embargo, también es lindo que a uno no lo dejen pagar.
94. Me encanta caminar por la playa y tirarme a observar las estrellas por las noches.
95. Durante todo el colegio fui la viva encarnación de Daria.
96. Amo a mi perrita profundamente. Por ella soy cada vez más animalista.
97. No me gusta la bulla, ni los tumultos, ni el desorden, ni la mugre.
98. Antes de mi boda (if any), me gustaría vivir sola un tiempo.
99. Soy creyente, muy creyente; aunque a veces me deje la fe por ahí escondida y guardada.
100. No soy una persona fácil; pero tampoco soy difícil. Lo que si tengo claro es que no soy como el común de las mujeres.
101. Me encantaría enamorarme profundamente (y mantener el cerebro prendido); para toda la vida. Quiero ser "la última" del que (algún día) será "mi último".


Y sé que si me dedico puedo sacar 101 más.... pero digamos que me quedé dormida.